Adivina Adivinador

 Anciano sentado

Adivina Adivinador

Por: Daritza Rodríguez Arroyo  

Adivino que la vida en su infinita sabiduría nos obliga a la soledad reflexiva en una especie de preparación a nuestro inevitable ocaso. Es lo que pienso mientras marco el compás de las horas con el rechinar de esta mecedora, mientras observo el ir y venir de cientos de rostros ensimismados. Pero ya no me perturbo con las absurdas pretensiones de que la gente y el mundo sean como a mí me gusta, ahora simplemente observo y acepto el flujo natural de todo cuanto acontece ante mi vista. Si esta actitud me hubiese acompañado tiempo atrás, cuando contaba con participación activa dentro del gran drama de lo que llamaba “mi vida”. Pero bueno, el ahora es territorio del presente y a este me suscribo.  

Adivino que Lenita creé que me complace el estar acá en pleno salón principal de cara al balcón y de puertas abiertas como colocado en escaparate de feria. Antes me molestaban las miradas curiosas e indiscretas de los niños; ahora las prefiero a esas otras, miradas de adultos mezcla entre indiferencia y terror. Los niños son sinceros, mientras que esos pendejos tienen pintado en la frente el mismo miedo a la vejez y a la soledad que cargué yo durante tantos años. Por eso los que saben que al llegar justo al frente se toparan con mi silueta  juegan a que van de prisa y que yo pretenda que no se han dado cuenta de mi presencia. Entonces se me espantan los deseos de poder hablar y decirle a Lenita que con el asunto de la sentada, no acierta. Que mejor me siente atrás, en el jardín, bajo algún árbol frondoso donde escucho los pajaritos y observo las lagartijas. Allí donde puedo escuchar el sonido del agua en la fuente y el aire es ligero y me oxigena el cuerpo y la mente. Pero no hay de otra, debe ser mi última misión hacer de conciencia a cada transeúnte. Tal vez aquí sentado como monigote reflexiono yo y los hago reflexionar a ellos y así voy expiando algún pecado o saldando algún karma, total, ya ni siquiera eso me interesa. Pero prefiero pensar eso, antes de creer que todo esto ocurre por simple capricho de la Lena.

En un tiempo me entretuve adivinando qué tipo de sentimientos podía generar en cada uno de ellos; lastima, burla, generosidad. Pero no era tan sencillo mi pasatiempo de adivinador porque a la mayoría los miraba de perfil y no de frente. Tenía que emplear un poco de conocimiento, experiencia, y por supuesto, una gran dosis de imaginación; pero a la larga  concluía que todo cuanto intuía no era más que una mera proyección mía. Entonces me deprimía y gritaba a Lenita tan fuerte como podía para que viniese a socorrerme de las garras de mis revelaciones, del monstro de mi verdad. Asumo que por telepatía ella llegaba con la excusa de que me tocaba el baño o la comida, me limpiaba las babas, me secaba el sudor y con esa voz chillona que tiene me preguntaba, como queriendo adivinar, que por qué estaba tan azorado, que si había visto un muerto. Y si, siempre acertaba la contrallada Lena, había visto un muerto, me había visto a mí, muerto en el rostro de todos los que me pasaban de frente jugando a la indiferencia dentro del drama actual que insisto en llamar mi vida.

Fátima, Vega Alta; Puerto Rico

4:06pm

Domingo, 09 de diciembre de 2007. 

4 comentarios

  1. anonimo dijo:

    Diciembre 12, 2007 a 07:41 am12

    Creo que es un viejo paraplejico que no quieren que la gente lo vea. Y es verdad uno piensa que nunca va a llegar a viejo uno tiene miedo a envejecer o enfermarse y no poder valerse por uno mismo, ser una carga para la familia. No se si cuando escribes dices cosas que tu dices siempre porque una ves me dijiste algo parecido a lo que dice el viejo del cuento. De que la gente no es como uno quiere y que tiene uno que adaptarse. Daritza sigue escribiendo.

  2. Iris Miranda dijo:

    Marzo 23, 2008 a 07:41 pm03

    Iris Miranda a usuario
    mostrar detalles 12-feb

    ¡ Qué bello te quedó!!! Me gustó mucho porque recientemente me tocó vivirlo con mis abuelitas que murieron. Así se sentía la que era poeta, por eso me dí prisa en inmortalizarla.

  3. naissant dijo:

    Abril 6, 2008 a 07:41 am04

    Joder…
    Esta entrada es de hace mucho tiempo, no tienes otra y ya no sé si revisas este blog, pero no pueod dejar de comentar un poco… me emocioné leyendo, y eso que me faltan muchos años para llegar a vivir algo parecido.
    Tienes una capacidad narrativa que logra que me compenetre con el personaje hasta casi lograr que me sienta ese abuelo; por un momento me vi sentado frente a la casa de mis abuelos, mirando los árboles y a la gente que pasa…
    Mis humildes felicitaciones.
    Y me gustaría que alguno de mis abuelos escribiese lo que opinan de la edad a la que han llegado… aunque no necesitan atenciones especiales, de una forma u otra, han de pensar en las cosas que piensa este abuelo que has retratado.
    Saludos.

  4. Lupa dijo:

    Abril 11, 2008 a 07:41 am04

    Lo malo es que hay que leerlo con lupa.


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